El cuerpo del árbol

Las venas del árbol son vientre sagrado,

madre de tiempo y vida,

sangre de vaho que yace bajo la piel de tierra

para elevarse en Malinalli, movimiento eterno,

besar los labios del cielo, lamer la luna y las estrellas,

latiendo florece nuestro verde corazón.

 

Será verde, como susurraban nuestros ancestros,

el corazón del maíz y lo oculto bajo el manto de estrellas,

verde el color bajo nuestras manos y las ramas de un cuerpo.

De nuestras raíces y aliento manan almas que se hacen

unas con el tiempo.

 

Todo se abraza en mente, corazón y huesos,

nuestros ojos observan el mundo mezclado,

ojos de sol, ojos de luna, ojos de olas de mar,

ojos por donde veían los antepasados.

En murmullos encontramos la semilla,

cobija de vida, colchón de muerte y cosmos de la piel,

naciente órgano latente.

Brota el árbol de eterno parir,

un secreto susurrado que daba vida al tiempo: Malinalli.

De las hojas se derraman bocas de palabras,

Y de ellas germinan las raíces del color de tu muñeca.

 

De opuestos troncos surge este baile perpetuo,

dos cuerpos que se besan, manos que se unen,

una mezcla, color de las estrellas.

Malinalli es fuego y agua,

pájaro en corazón de madera

por donde fluyen volando vida y muerte.

 

Esta corteza es la envidia de los dioses,

Malinalli, espiral eterna de una luna que cierra los ojos

y una flor que ha decidido besar para siempre la tierra,

así los mayas nos sonríen desde las estrellas, dándonos la bienvenida.

 

Más no olvidemos que late el parpadear eterno de los rostros,

y que en nuestra piel nace el universo.

Ellos lo sabían: nuestra muerte es su nacimiento,

la sangre verde danzará para siempre

en la anatomía de nuestra historia de madera.

 

Vida, con tu abandono nuestro fuego llora,

extienden sus alas nuestras aves y, con ellas,

cubren de noche los tiempos.

Y al quemar con sus lágrimas las plumas

el mundo se deshoja y nuestro cielo está cada vez más cerca

de esas ramas, nuestras venas.

 

 

Escrito por: Natalia del Rocío Espinosa Parra.

Ilustración por: Alan Fernández Cervantes.