Celdas Literarias entrevista a Jorge Gutiérrez Reyna

 

La entrevista se realizó vía videoconferencia el día viernes, 4 de febrero de 2022 a las 16.00 horas. Con la participación del Director de la Revista Celdas Literarias y Director del Colegio de Filosofía y Letras de la UCSJ, el doctor Fernando Montoya, de igual forma, el encuentro estuvo a cargo de Angélica López y Giovanna Rodriguez, estudiantes de la Licenciatura en Escritura Creativa y Literatura y miembros del equipo editorial de la revista.

 

CL: Considerando que Sor Juana es una de las figuras más importantes de la literatura mexicana, de las más imponentes, eruditas y dotadas de su época, así como un ícono esencial de nuestra universidad, ¿qué es lo que más te llama la atención sobre ella?

 

JGR: Primero que nada, Sor Juana llama la atención como figura y personaje histórico y mítico. Yo creo que todos los que empezamos a estudiar a Sor Juana  nos interesamos en ella, nos interesamos en la figura tan interesante y extraordinaria que representa; es muy fácil darse cuenta al saber dos o tres cosas sobre ella, que estás ante un ser exorbitantemente especial: una niña prodigio que destacó desde muy pronto, célebre, gran intelectual de su tiempo y además con tanto coraje y valentía para enfrentar todos los obstáculos de su tiempo. Es decir, es un personaje fascinante que habría que catalogar sin temor, como un verdadero genio de la historia occidental a la altura de un Mozart, Da Vinci o un Beethoven.

 

Sor Juana era una gran poeta, una gran matemática, una gran científica. Como decía Alfonso Reyes, no hay manera de estudiarla sin enamorarse de ella; en primer lugar, es una personalidad deslumbrante, pero en segundo y más importante, que se da cuando uno ya profundiza en la obra de la monja, cuando te das cuenta de que lo que se dice de ella, que ya parece muy exagerado, se queda corto. A la admiración de Sor Juana como personaje, mito, figura histórica, viene forzosamente su admiración como escritora, es decir, Sor Juana es enorme, porque cuando uno abre un poema suyo, escrito hace cuatrocientos años, tiene la vitalidad y fuerza de uno que parece haber sido escrito hace dos horas, y tiene ese brillo inconfundible de la poesía que todos los que estamos familiarizados con el género sabemos reconocer.

 

CL: ¿Qué consideras que nos ha dejado como la ‘benjamina’ o hija menor del Siglo de Oro?

 

JGR: A lo mejor esa pregunta se puede repasar un poco con la anterior. A mí, Sor Juana me enseña, por ejemplo, que la especialización absoluta de los saberes, como en la que vivimos actualmente, en la que cada uno es especialista en una muy pequeña parcela de conocimiento, creo que nos ‘des-ayuda’ más que ayudar. Una de las grandes lecciones de la obra de Sor Juana es que para comprender la realidad en toda su complejidad hay que abordarla desde muy distintos puntos de vista, desde el arte, la ciencia, la música, y que todos los saberes están en armonía. Sor Juana no sería Sor Juana si no comprendiera esa verdad; que los principios que rigen las distancias entre los números primos, notas musicales, versos de un poema o los círculos de los astros son los mismos; están todos regidos por las mismas proporciones, es como una armonía de los saberes. Es lo que más admiro, que sepa un poco de todo y que, además, lo sepa relacionar.

 

Sor Juana es el broche de oro de los  Siglos de Oro. Siempre digo que es a la que le tocó cerrar este periodo tan esplendoroso de las letras, que empieza con Garcilaso, pasa por Góngora y Cervantes. Ella los cierra; Sor Juana es una especie de remix, en ella están todos los grandes autores que la precedieron y cuando uno lee su obra, en realidad está leyendo, al mismo tiempo, a Garcilaso, Góngora, Quevedo y Calderón, a todos. Sor Juana no sólo sintetiza, sino que aporta; es decir, Sor Juana puede ser una gran escritora dentro de los Siglos de Oro con el Divino Narciso, El Neptuno Alegórico, con los sonetos y todo lo que uno pueda pensar, pero su aporte auténtico, el que dice “esta soy yo y nadie más” es con El Primero sueño; el que yo considero, el primer poema moderno de nuestra lengua y una de las grandes obras maestras de la poesía, con la que Sor Juana pasa a ser una gran poeta universal a la altura de T. S. Eliot, Huidobro, Rilke, o de quién uno se pueda imaginar.

 

CL: ¿Qué conflictos crees que enfrentó al ser, no solo un conducto para la literatura mexicana, sino una figura desafiante ante la europea?

 

JGR: Sor Juana es un conflicto en Europa y en México, es un error en la matrix; una anomalía histórica y literaria desde muchos puntos de vista. Yo creo que lo podríamos resumir en que Sor Juana tiene las tres ‘emes’: es monja, mujer y mexicana. Esos son los puntos clave en la anomalía que representa en su época, porque una monja, mujer, mexicana en teoría no tendría que haber sido Sor Juana. Esto es tan desconcertante, tanto para el mundo mexicano como para el mundo europeo.

 

Primero, como mujer, tiene que enfrentarse a un montón de obstáculos que tienen que ver con el mundo intelectual del S. XVII que no estaba hecho para las mujeres. Entonces, llega Sor Juana y hay gente que se atreve a decir (eso está en sus prólogos de sus obras reunidas en Europa) que no puede ser una mujer tan lista. “Esta no es mujer” es la primera gran respuesta que le surge a estos pobres hombres pasmados de ver a una mujer que tiene un intelecto tan preclaro.

 

En segundo, el de monja, otro gran obstáculo ¿Cómo va a estar una monja escribiendo versos profanos? Una monja debería estar dedicada cien por cien a su esposo, que es Jesucristo. ¿Cómo una monja va a estar coqueteando con Palacio, coqueteando con la corte, haciendo encargos para los nobles, escribiéndose con un montón de intelectuales, etc.? Eso también era muy mal visto y es otra cosa que tiene que superar.

Y, por último, la ‘eme’ de mexicana, porque ya era bastante con ser mujer y monja, además, dirán los europeos, era una monja allá perdida en quién sabe dónde. Decía María Luisa en una carta: yo no puedo creer que sea tan inteligente, cuando la fueron a sacar de un pueblo de tres o cuatro casas de indios. Hay mucha sorpresa de que venga del otro lado del Atlántico, ya saben que los europeos nos miran, y nos han mirado por siempre como por encima del hombro. Sor Juana se sabe americana, se sabe mexicana, y también sabe que la Europa ha sido voraz en diversos aspectos con su continente, con su tierra.

 

CL: La literatura novohispana y la de Sor Juana destacan por su riqueza lingüística y translingüística (al contener español, latín, lenguas originarias y acentos diferentes), ¿Cómo crees que se puede traer aquella riqueza a nuestro tiempo y cómo se puede relacionar con lo que está ocurriendo ahora con los anglicismos?

 

JGR: ¿Por qué nosotros nos espantamos de los anglicismos, cuando Sor Juana hablaba en náhuatl y latín? Yo creo que la clave estaría en que toda palabra y todo recurso que viene de otra lengua tiene que venir porque, definitivamente lo necesitamos en ese momento, porque de verdad hay cosas de la realidad que no se pueden nombrar con las palabras que tenemos en nuestra lengua y hay que pedir prestado. Eso siempre se ha dado, estamos llenos, por ejemplo, de galicismos del S. XIX: ‘restaurant’, ‘corsé’ y todas las cosas de Francia que entraron en el S.XIX, y ni hablar de los arabismos que entraron en el castellano durante la Edad Media, que forman parte de la lengua española. Aquí, la clave está en que los tomamos porque de verdad los necesitamos y no porque consideremos que dichos en esa lengua son superiores a lo que podemos decir en la nuestra. En el caso de Sor Juana pasa así, ¿por qué Sor Juana habla náhuatl? Sor Juana no cree que el náhuatl sea inferior al español, al contrario, lo admira y mucho; al grado de considerarla una lengua intelectual. Los grandes intelectuales del barroco mexicano hablaban náhuatl, la consideraban indispensable para adquirir una parte de su historia, de su pasado (y lo mismo el latín). Es decir, son lenguas que ellos admiran, pero que no están trayendo porque las consideran superiores al español, sino, porque son lenguas que necesitan para conformar su realidad y expresarla. Habría que preguntarnos con los anglicismos, si de verdad son necesarios o si los consideramos superiores a nuestra “pobre lengua latinoamericana” y por eso estamos trayendo cosas que ni al caso.

 

CL: ¿Qué retos existen al formar y enseñar a diferentes generaciones de estudiantes?

 

JGR: En la enseñanza de la poesía antigua, el principal reto está en liberar a los estudiantes de prejuicios. La gente cuando le mencionan a Sor Juana piensa que es aburrida, dificilísima o ya no es vigente. Entonces, el primer desafío es demostrarles que Sor Juana tiene sonetos que parecen escritos hace dos horas. Porque, al encontrarte con un poema que te llega, con el que te identificas y entiendes, es lo importante. Después, hay que hacerles ver, que, aunque en apariencia esa poesía antigua puede pensarse compleja, sólo es cuestión de que se adquieran las llaves para abrir cada una de sus puertas. Cuando uno, entiende los mecanismos de un poema, utilizando las herramientas necesarias, se da cuenta que no tiene nada de difícil, porque éste se transparenta.

 

Lo último, es que, a pesar de que estudiemos una carrera de literatura, vivimos en una realidad que está muy acostumbrada a la gratificación instantánea. Leer, por ejemplo, El primero sueño de Sor Juana, te enseña que hay maneras más complejas de vincularte con la realidad, porque las cosas que valen la pena probablemente cuesten un poco de trabajo, porque no es darle para abajo a Facebook, hay que detenerse, estar atentos, vigilar cada palabra. No todo tiene que ser inmediato, también hay placer cuando algo te cuesta trabajo.

 

CL: ¿Qué es lo que más has disfrutado de los años que has enseñado en la Universidad del Claustro de Sor Juana?

 

JGR: Lo que más disfrutaba al principio, fue aprovechar la oportunidad de hablar de Sor Juana en el convento de Sor Juana. Durante muchos años esperé que se me apareciera su fantasma, pero todavía no sucede.

 

Aprovecho mucho el espacio y su trascendencia histórica, pero también me he sentido a gusto con la comunidad que existe en el Claustro, porque es muy amable y acogedora; tanto los alumnos, como los profesores son muy cálidos en el trato. Eso no es normal en un ambiente académico de letras, donde privan los egos, las competencias o las rencillas entre las creencias de un grupo u otro. En el Claustro, todos se quieren. En un taller parece requisito que todo mundo se odie entre sí, pero aquí, trabajamos de manera muy amable, porque hay una relación de aprecio entre los miembros.

 

En cuanto a la labor docente, lo que más se aprecia es observar que uno puede transmitir un poco de la pasión que siente por algo a los estudiantes. Por supuesto, no haces que todos se vuelvan sorjuanistas, porque la gente tiene individualidad e identidad propia, pero que alguien te diga al final del curso que odiaba o no le interesaba Sor Juana y ahora cree que es una poeta genial, es muy valioso. Hay que pensar que no se trata sólo de transmitir, sino también de aprender, que es lo que nos hace ser profesores. Resistiendo salir de las aulas nos volvemos estudiantes eternos.

 

Jorge Gutiérrez Reyna / Monterrey, Nuevo León, 1988. Es Maestro en Letras y doctorando por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es profesor de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras y en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Publicó en 2014 Óyeme con los ojos. Poesía visual novohispana (Conaculta/La Dïéresis). Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía en el período 2012-2014. En 2016 obtuvo el Premio Ciudad y Naturaleza José Emilio Pacheco, otorgado por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, por el libro El otro nombre de los árboles.