Exposición ελπισ Esperanza

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Inauguración

Celda Contemporánea

Te invitamos el próximo 4 de febrero a la inauguración de la exposición ελπισ Esperanza, en la Celda Contemporánea de la Universidad del Claustro de Sor Juana.

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Esperanza

El 23 de marzo del año pasado, cuando nos dimos cuenta de que el virus que venía de la China era cosa seria, jamás nos imaginamos que el mundo se voltearía de cabeza, que cargaríamos con miles y miles de muertos, que los hospitales colapsarían y que a nosotros ni siquiera nos daría tiempo, como a Antígona, de enterrar a un hermano para asistir a la muerte de otro y otro más; que saldríamos a la calle con la mitad del rostro cubierto, que no nos volveríamos a abrazar ni a dar besos, ni siquiera a saludar de mano. Jamás nos imaginamos que estaría prohibido tocarnos y que palabras como pandemia, cubrebocas, coronavirus, antibacterial, confinamiento, aislamiento, oxímetro y una larga lista más serían parte de nuestro lenguaje cotidiano. Nunca pasó por nuestra cabeza que esto duraría más de diez meses y que todavía hoy, casi un año después, aún no vemos claramente la luz al final del túnel.

Decidimos entonces averiguar qué retrataron los fotógrafos durante el confinamiento, porque la fotografía guarda el falso prestigio del afuera: la usamos cuando salimos a una fiesta, cuando vamos de vacaciones, cuando –supuestamente– sucede algo especial fuera de nuestra vida cotidiana. Habría que recordar que la primera fotografía, la de Joseph-Nicéphore Niépce, no muestra otra cosa que el techo de una finca visto desde una ventana. Es decir, lo que el fotógrafo miraba todos los días. De este modo, los fotógrafos en confinamiento se vieron obligados a ver nuevamente lo cercano, lo íntimo, lo cotidiano; aprendieron a sorprenderse con espejos, con habitaciones a medio hacer; se reencontraron con sus cuartos de baño, con el laboratorio íntimo de sus cocinas; descubrieron las islas de sus pies, encallaron en las caderas de sus parejas,  sobrevivieron en los ojos de sus hijos. Aprendieron a ver las cosas y las situaciones más familiares como si fueran ajenas, a veces monstruosas. Pero sobre todo aprendieron a ver ni más ni menos que el tiempo, a hacer de la imagen la consciencia del tiempo, el tiempo como gran escultor, como ogro devorador. Y ahí podemos contemplarnos todos.

Para esta exhibición no usamos ningún otro criterio que no fuera el de la sorpresa de lo cotidiano, el del regocijo visual. Por ello, junto a fotógrafos célebres como Rogelio Cuéllar, Juan San Juan Rebollar y Lourdes Almeida, hemos convocado a otros que apenas están incursionando en la fotografía y que jamás han expuesto pero cuyas imágenes son extraordinarias.

Hay paisajes, objetos, autorretratos. La exhibición tiene la vitalidad de un paseo por un antiguo mercado, por tiendas recónditas que nos recuerdan a Las mil y una noches, donde los personajes se encuentran lo mismo con un objeto perdido que con una lámpara maravillosa. Y justo en medio de todo ese pasaje, como los que describió Walter Benjamin, quisimos encontrar también la esperanza. Porque cada una de esas fotos son testimonio de lo que nos ha pasado a ti y a mí, y a través de ellas estamos reconstruyendo el mundo, objeto por objeto, retrato por retrato, paisaje por paisaje; lo estamos dotando nuevamente de la humanidad que perdieron, y por eso nombramos a nuestra exposición Esperanza, porque venimos aquí a buscar, y acaso a encontrar, lo que hemos perdido.

Moramay Herrera Kuri

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