03 Jul 2019

La producción de alimentos para autoconsumo

Por Paula Acevedo Straulino.

Gastrónoma.

 

Actualmente, en la Ciudad de México, existe un alto porcentaje de desnutrición y sobrepeso, dos padecimientos íntimamente ligados con la alimentación. Ésta no sólo es un proceso biológico, también

 

es un acto social. Se come de acuerdo con lo que es socialmente adecuado, según la ocasión, edad o sexo, por ejemplo. [1]

 

Con esto, podemos decir que en el entorno familiar, se encuentra una arista del problema.

 

Aunque es cierto que a un nivel microsocial, la familia y el entorno directo son quienes determinan los hábitos alimentarios, el Estado mexicano está obligado, según el artículo 4 de la Constitución Política, a garantizar una alimentación nutritiva, suficiente y de calidad.

 

Ahtziri González, coordinadora de alianzas e incidencia en campañas de seguridad alimentaria de la Oxfam, considera que los esfuerzos realizados por parte del gobierno son deficientes, pues

 

una de cuatro personas no tiene suficiente que comer; siete de cada diez adultos padece sobrepeso u obesidad y uno de cada diez niños sufre de desnutrición crónica. [2]

 

Para disminuir estas cifras alarmantes,

 

se requiere una política de Estado en materia alimentaria que atienda todas las etapas: desde la producción hasta el consumo. [3]

 

Los habitantes de esta ciudad, aunque con herramientas democráticas, estamos limitados para acelerar los procesos políticos necesarios que lleven a la tan necesaria política de Estado de la que nos habla Ahtziri González. De lo que sí somos capaces en nuestro futuro inmediato, es modificar los hábitos alimentarios personales y familiares.

 

No obstante, un freno para este cambio micro social, es la falta de recursos, ya que

 

la falta de ingresos es una de las causas más importantes que impiden a la población obtener una dieta adecuada. Con la información de la Encuesta de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), se observó que en los hogares más pobres el aporte dietético estriba en pocos alimentos. [4]

 

Entonces, ¿cómo se pueden cambiar estas costumbres que tanto nos afectan? Si lo que hace falta es una alimentación más variada (sobre todo en frutas y verduras), pero los recursos económicos escasean, ¿cuáles son nuestras opciones?

 

Una respuesta está en la producción para autoconsumo. Esto quiere decir que podemos producir algunos alimentos en nuestros hogares, que aunque posiblemente no representen todos los insumos requeridos en nuestra dieta, nos asegura la obtención de productos sanos, de buena calidad y a un precio mínimo.

 

Si tenemos un pedacito de jardín, una zotehuela o una ventana, es posible. Incluso viviendo en un edificio o vecindad, si hay organización entre todos sus habitantes, puede lograrse. Para ciertos alimentos no se requiere de mucha instalación ni demasiados conocimientos, pero si se busca generar una mayor diversidad de hortalizas, existen cursos, talleres y puede encontrarse información de calidad en internet.

 

No dejemos de exigir lo que al gobierno le corresponde, pero tampoco esperemos sentados, hay mucho por hacer para mejorar nuestra salud.

 

Betrán-Vilà, Miriam, “Cultura alimentaria y obesidad”, La obesidad. Perspectivas para su comprensión y tratamiento, Médica Panamericana, México. p. 51.

Langer, Ana, “Alimentación en México, en estado crítico”, El Economista, (26 de marzo de 2014).

Ídem.

Martínez Jasso, Irma, Pedro A. Villezca Becerra,” La alimentación en México: un estudio a partir de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares”, Revista de información y análisis, número 21, 2003, <http://www.inegi.org.mx/inegi/contenidos/espanol/prensa/contenidos/articulos/sociodemograficas/alimento03.pdf>.

CÍTANOS.

 

Acevedo Straulino, Paula, “La producción de alimentos para autoconsumo”, Claustronomía. Revista gastronómica digital, Universidad del Claustro de Sor Juana, México, D.F., 2014, <www.claustronomia.mx>.


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