03 Jul 2019

Entre San Valentín y el amor al chocolate

Por Ricardo Herrera.

Historiador.

 

El 14 de febrero es uno de los días más celebrados a lo largo de varios países del mundo como el día del amor y la amistad. Sin embargo, también podríamos decir que este fue uno de los días en los cuales el mundo se enamoró de nuestro querido chocolate.

 

Hay que recalcar que este festejo no es únicamente una explosión comercial, sino un día que era destinado a venerar al santo mártir romano llamado Valentín que supuestamente existió durante el siglo III. Según una de las leyendas, San Valentín fue un médico que se transformó en sacerdote y se dedicó a casar parejas de doncellas y jóvenes militares, aunque estaba prohibido por el emperador Claudio “El Gótico”.

 

 

 

El resultado por estas acciones fue la muerte, pero el calendario romano decidió darle un día especial por sus acciones en pro del amor. Esta festividad dejó de existir como celebración religiosa en el siglo XX, para ser más precisos, en el año de 1969. A pesar de ello, esta fiesta no desapareció, pues comenzó a adoptar tradiciones culturales y simbólicas.

 

Lo cierto es que a lo largo de los últimos tiempos, tanto el oso de peluche como la rosa y el chocolate se han convertido en sinónimos de ambientación y regalos en las parejas. Ese rumor acerca de la fama del oso de felpa es cierto. Este singular objeto se hizo popular gracias a la caricatura en la que aparece el presidente de los Estados Unidos Theodore Roosevelt, quien le dio el perdón a un oso Grizzly en un día de caza. Esta noticia llegó al diario Washington Post del 16 de Noviembre de 1902 [1]. Con el tiempo estos animalitos de peluche evolucionaron tanto en variación de colores como en nombre, hasta ser llamados “Teddy Bears”, u osos Teddy, en honor a su exmandatario.

 

Por otro lado, la rosa es un símbolo de los enamorados desde hace siglos. La pregunta es ¿de dónde viene esta gran fascinación por el chocolate durante el 14 de febrero?

 

Pareciera que este es el día del chocolate, más que el día del amor y la amistad. Miles de parejas regalan cada año cajas con bombones de diferentes sabores para el amor de su vida, pero este entusiasmo por el chocolate es mucho más añejo.

 

Desde el siglo XVI, el cacao dejó su casa en el Nuevo Mundo para emprender un viaje de conquista hacia otros territorios. Lugares como España, Italia, Alemania y Suiza, entre muchos otros, quedaron maravillados por las propiedades energéticas y alimentarias de este singular producto. Este es uno de los primeros amores del mundo: dulce y con una prolongada duración.

 

No es novedad que los propios clérigos, desde el siglo XVI y XVII adoptaran la bebida del chocolate como parte de su dieta. El comenzar a experimentar con ingredientes y mezclar al chocolate con leche, vainilla y otros elementos empezaron a formar y transformar a nuestro cacao en el chocolate que muchos hemos crecido para amar. Según lo comenta Ignacio de la Mota, el siglo XVIII vio surgir una nueva forma de comer el chocolate, en la invención de las bombonerías, lugares de venta de bombones de chocolate [2].

 

Estas exquisiteces que más adelante se convirtieron en el símbolo del regalo del amor toman su nombre de la expresión francesa “bon bon”, es decir, “Bueno, bueno”. Y tan buenos resultados tuvieron que su elegancia y delicadeza llegaron a la boca de María Antonieta y de millones de mujeres que encontraron en su sabor el ser correspondidas por parte de su enamorado, un regalo de dulce amor.

 

Tanto el siglo XIX como el siglo XX vieron la progresión de este singular ingrediente hasta adoptarlo como parte de la vida de distintas compañías que se encuentran en diferentes partes del mundo, incluyendo nuestro país. Estas organizaciones pueden llegar a comercializar desde los más finos rochers o trufas de intenso sabor hasta las más sencillas chispas o pasitas de chocolate. Además, el chocolate tiene tantas caras como sabores y texturas que pueden representar un tierno primer beso o crear un dulce espejismo de una mujer de larga cabellera montada a caballo y dejando un agradable aroma a chocolate.

 

Por todas estas razones existen variantes y múltiples maneras en las que el chocolate puede presentar, ya sea en firma de pastel, galleta o incluso personificando a los grandes amores de la literatura. Por ejemplo, en par de galletas de chocolate obscuro y blanco pueden simbolizar el dulce y el amargo, pero delicioso sabor de la historia de Otelo y Desdémona, personajes escritos por William Shakespeare. El chocolate de leche con fresa nos puede recordar la intensidad del amor que se tuvieron Romeo y Julieta, pareja del mismo autor. Por último, en el caso de los postres más elaborados, un pastel Selva negra nos puede remontar a imaginarnos un oscuro, pero acogedor bosque con su claro de luna en el que puedes verte a solas con tu pareja ideal. Lo cierto es que el chocolate sigue enamorando a chicos y grandes en todo el mundo por sus dulces notas de amor.

 

"Story of Teddy Bear", <http://www.nps.gov/thrb/historyculture/storyofteddybear.htm>.

De la Mota, Ignacio, El libro del chocolate, Editorial Pirámide, México 2008, págs 189 – 192.

 

CÍTANOS.

Herrera, Ricardo, "Entre San Valentín y el amor al chocolate", Claustronomía. Revista gastronómica digital, Universidad del Claustro de Sor Juana, México, D.F., 2013, <www.claustronomia.mx>.


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