03 Jul 2019

La magia del paste

Por Fernanda de la Vega.

Gastrónoma.

 

El padre de mi abuela materna, Pedro Canales, era un minero que trabajaba en la compañía “Real del Monte”.

 

En el interior de la mina Acosta, en el pueblo mágico que dio nombre a la compañía, mi bisabuelo pasaba largas jornadas laborales a cientos de metros bajo tierra.

 

Todos los días, mi abuela Lola, su hija, era la encargada de llevar los pastes a su padre. Camino a la mina, Lola y otros niños, hijos también de mineros, se encontraban con hoyos en el suelo que eran tan profundos que no se podía ver el fondo, incluso decían que si arrojaban una piedra no se le escuchaba caer.

 

Estos agujeros se conocen como “tiros” y a pesar que a los pequeños se les enseñaba a no acercarse, era una travesura común para ellos quienes gustaban lanzar rocas al interior.

 

Un día cuando Lola y sus amigos caminaban hacia la mina, se detuvieron como en otras ocasiones en uno de los tiros. Comenzaron a echar piedras y más piedras, pero esta vez se llevaron el susto de su vida. Enfurecido y lleno de rabia, del hueco salió un hombre pequeñísimo, más diminuto que un niño de seis años. Tenía cara de anciano y se encontraba casi desnudo. Lola y los demás se quedaron muertos del miedo. No reaccionaron hasta que el minúsculo hombrecillo comenzó a aventarles las rocas. Los persiguió cerca de un kilometro y luego desapareció.

 

Esa fue la única vez que mi abuela vio un duende. Pero no es la única persona de Real del Monte que ha tenido un encuentro con ellos. La magia del pueblo minero existe desde mucho antes de ser declarado, por la Secretaría de Turismo, uno de los 83 pueblos mágicos [1].

 

La llegada de los ingleses en busca de plata alrededor del siglo XVI, influenció la arquitectura, las costumbres y la gastronomía de Real del Monte.

 

En una tarde, el visitante puede recorrer a pie el lugar. Allí disfrutará de las hermosas casas con tejados rojos al estilo británico, los paisajes boscosos, así como algunas atracciones famosas: el panteón, el museo que anteriormente había sido hospital de la compañía minera y los portales, donde se puede saborear del legado culinario inglés: los pastes.

 

El paste, así como el fútbol, llegó a México desde el viejo mundo. Era un tentempié clásico que se preparaba de papa, poro y carne (como aún se cocina en Inglaterra).

 

Éste era el alimento por excelencia para calmar el hambre a los mineros, quienes trabajaban extenuantes horas. Su orilla en forma de trenza servía para evitar que los jornaleros, ensuciaran el alimento. Así, podían tomar el paste, comer y deshechar el borde. Ahora para mi gusto esa trenza es lo mas rico del paste.

 

Con los años su receta original ha sufrido modificaciones y adaptaciones, se añadieron ingredientes como el chile y se cambiaron algunos otros, como el poro por la cebolla, la carne de bistec por carne molida, e incluso la tradicional pasta inglesa se sustituye en algunos lugares por pasta de hojaldre.

 

La variedad también aumentó, pues a la fecha podemos encontrar pastes rellenos de distintos guisados: mole verde, mole rojo, arroz con leche, papa con pollo, salchicha, tinga, arroz con leche, hawaiano y el tradicional de papa con carne.

 

Cuando mis amigos visitan Pachuca, siempre me dicen que saben que llegaron a la ciudad porque comienzan a ver las tiendas de pastes por todas partes.

 

Este refrigerio ya no es exclusivo de Real del Monte y podemos encontrarlo en todo Hidalgo, incluso en otras regiones del país. ¡Gozosos aquellos que pueden saborear un poco de la magia inglesa!

 

“Pueblos mágicos”, SECTUR. Secretaria de Turismo, http://www.sectur.gob.mx/pueblos-magicos/

PARA SABER MÁS.

Randall Robert, Real del Monte a british silver mining venture in México, University of Texas, United States, 2014, p.276.

 

CÍTANOS.

De la Vega, Fernanda, “La magia del paste”, Claustronomía. Revista gastronómica digital, Universidad del Claustro de Sor Juana, México, D.F., 2015, <www.claustronomía.mx>.


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