Las elecciones en el Estado de México y la “decadencia” de la democracia

Las elecciones en el Estado de México y la “decadencia” de la democracia

Andrea Ceballos

A propósito de las elecciones del Estado de México quiero dedicar este espacio para analizar el aparato argumentativo que sostiene este nuestro bello sistema democrático moderno (así, con nombre y apellidos) y su “decadencia”.

Decía el analista colombiano José Manuel López Caballero hace un mes que lo que estamos viviendo es nada más y nada menos que la decadencia del capitalismo y la democracia derivada de las políticas neoliberales establecidas durante la última parte del siglo XX y de la visión extendida del “final de la historia” por Fukuyama, en la que la mancuerna democracia-capitalismo es el modelo al que todos los regímenes deberían de tender. Y sin embargo, ¿realmente asistimos a la decadencia de la democracia?, ¿fue la democracia en alguno de sus momentos fue el sistema idílico a nuestras circunstancias o tenemos una especie de añoranza por algo que nunca fue?

Hasta ahora, ya sea a través de una definición legal del régimen establecido o mediante la promoción de ciertos enfoques, los estados democráticos se establecen de tal forma si además de brindar bienestar, seguridad social, libertad, equidad, deliberación pública, entre otros, cuenta también con órganos colegiados que permitan una participación efectiva de los ciudadanos (adultos) otorgándoles igualdad en el voto, capacidad para decidir la agenda pública y acceso a información sobre las alternativas políticas que hay y sus consecuencias.[1]

A pesar de que los orígenes de la democracia puedan remontarse a la organización política griega, la democracia tal y como hoy la conocemos es completamente moderna, pues se remonta al siglo XVII, sí, poco después al capitalismo. La democratización promovida por la Ilustración y los movimientos revolucionarios que se dieron a la par y que Tilly diría es una nueva forma de hacer política.[2]

Pero la democracia también acarrea terribles paradojas que aún hoy siguen sin resolverse pero que son parte de su esencia: 1) la democracia implica la igualdad y el respeto a las diferencias que muchas veces son un peligro para el mismo régimen democrático[3]; 2) la democracia supone el gobierno de los individuos libres y educados (el demos -mayoría- incluye la aristoi -virtud- y la oligoi -los ricos), del sector privado; 3) esta democracia para la cual la existencia de grupos minoritarios es un peligro implica la inexistencia de la política.[4]

A pesar de todo, la democracia y el capitalismo coexisten con nuevas formas de hacer política dándole voz a aquellas minorías o partes que no tienen parte en el sistema. Las campañas de reivindicación en contra del status quo, la planeación de acciones en las que se manifiesta el valor, el compromiso de la causa y el número de los que la apoyan (los movimientos sociales) han sido fundamentales en la construcción de la historia moderna, en la democratización, antidemocratización,  en la política institucional y demás, y que actualmente ha sido posibles gracias a la descentralización de la información de los medios oficiales.

Este domingo, a pesar de lo tortuosa que ha sido la contienda, tanto para los candidatos como para nosotros los espectadores y ciudadanos, están en juego muchísimas cosas. La primera de todas, la posible destitución de un partido que en nombre de la democracia ha monopolizado desde las instituciones educativas, policiales y el ejercicio de la violencia en todo su sentido (lícito e ilícito). En segundo lugar, la participación de uno de los movimientos nacionales (MORENA) ahora institucionalizados que ya representa la segunda fuerza política en el centro del país y que otros aseguran es “la única oposición”[5]. En último lugar, la participación ciudadana y el ejercicio de uno de esos factores que hace que nos consideremos una “democracia”, el voto (libre, efectivo y representativo), que ha sido ampliamente promovido durante las últimas semanas pero que en muchos casos termina siendo una ficción, como la política.

Finalmente lo que quiero decir es que el día 3 de junio o bien asistimos a lo que comúnmente hemos denominado como la decadencia de la democracia (la corrupción de las instituciones públicas, la nula representatividad, la manipulación de información y la imposición de un régimen[6]) o al nacimiento de la política en el Estado de México.

 

[1] cfr. Tilly, Charles, Democracy, Capítulo 1.

[2] Respecto a la reciente democratización de los estados musulmanes Rancier opina que ”dar la democracia a un pueblo no es sólo darle los beneficios del Estado constitucional, las elecciones y la prensa libre. Es, también, darle el desorden.” Puesto que la democracia, en el fondo implica “el desorden de las pasiones ávidas de satisfacción”. Raciere, Jacques, El odio a la Democracia.

[3] “El doble discurso sobre la democracia no es nuevo, ciertamente. Nos hemos habituados a escuchar que la democracia era el peor de los gobiernos con excepción de todos los demás. Pero el nuevo sentimiento antidemocrático propone una versión más perturbadora de la fórmula. El gobierno democrático es malo, nos dice, cuando se deja corromper por la sociedad democrática, que quiere que todos sean iguales y que todas las diferencias sean respetadas. Es bueno, por el contrario, cuando moviliza a los individuos reblandecidos de la sociedad democrática con la energía de la guerra que defiende los valores de la civilización, que son los de la lucha de civilizaciones. El nuevo odio a la democracia puede entonces resumirse en una tesis simple: no hay más que una democracia buena, la que reprime la catástrofe de la civilización democrática.”  Raciere, Jacques, El odio a la Democracia.

[4] La política, según Ranciere, tiene lugar cuando hay una ruptura en el régimen contractual, cuando los que no tiene parte se institucionalizan y tienen representación. cfr. Ranciere, Jacques, El desacuerdo.

[5] http://www.sinembargo.mx/03-06-2017/3232189

[6]http://www.animalpolitico.com/blogueros-blog-invitado/2017/05/23/30-anos-corrupcion-deuda-alternancia/

 

 

Andrea Ceballos (1994), egresada de filosofía de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ha colaborado en Kashmir Magazine. Estuvo involucrada en la edición y publicacion de Motivos de sobra para inquietarse , 2a antología del Premio Nacional de Cuento Fantástico Amparo Dávila. Entre sus intereses está la literatura, la historiografía y la sociología. Actualmente estudia la maestría en Historia Comparada en la Central European University.

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