Coladera política

Coladera política

Ricardo Suaste Mascarúa

Estudiante de Filosofía

UCSJ

Durante los periodos de campañas electorales hay diversas frases que constantemente se repiten y que muchas personas apoyan, frases como: “todos los políticos son iguales”, “todos son unas ratas”, “no importa quién gane, vamos a seguir igual” y “sólo decidimos quién queremos que nos robe”. Las personas verdaderamente creen que sin importar el candidato o el partido, la situación de México no va a cambiar y que como sociedad sólo podemos atenernos a “escoger al menos peor” o que no debemos aspirar a que algún político nos gobierne puesto que “es igual a los demás”.

            Esta noción de rechazo hacia la clase política no es endémica de México, y eso fue evidente en las elecciones presidenciales de EUA del año pasado, pues aquellos que no apoyaban a ningún candidato lo hacían bajo el presupuesto de que fuera quien fuera, nada cambiaría. En México ese rechazo desemboca en un ataque constante a todos los candidatos, pero son ataques banales puesto que no poseen ninguna postura y no se fundamentan en algo para justificar ese rechazo, provocando que aquellos que constantemente atacan sean las personas que no tienen nociones básicas sobre lo que verdaderamente sucede en el ámbito político. Es muy común que las personas a pesar de no estar informados de las propuestas o intenciones de los candidatos presidenciales, los clasifiquen como algo que no necesariamente corresponde a la realidad, se asume que la condición del político como político es una razón inmediatamente válida para cuestionar su credibilidad, y a pesar de que sea necesario cuestionar a los candidatos, se cae en un absurdo cartesiano al dudar de completamente todo lo que se nos presenta de ellos.

            Una confianza ciega no es la alternativa a esa desconfianza latente que se tiene hacia la clase política, pero el rechazo de un político por el hecho de ser político sin fundamentarse en alguna prueba fáctica es completamente irracional, pues es imperativo informarse en torno a las ideas de aquellos que pretenden ser gobernantes, pero el encasillar a los políticos bajo una misma idea parece una forma de evitar la molestia de estar constantemente revisando las noticias acerca de las contiendas política, y una excusa para ignorar la forma en la que se está desarrollando el ambiente político, el argumentar que la política no te interesa porque todos son iguales parece justificar un desinterés de tu parte.

            La desconfianza que siente el pueblo hacia los partidos políticos es muy grande y es entendible que después de tantos años de vivir en las mismas condiciones sin oportunidad de cambio llega a generar tedio entre la gente, pero el percibir que la sociedad está condenada a una perpetua explotación por parte de la clase política y que la clase política implica inherentemente corrupción es peligroso, pues la normalización y aceptación de esto lleva a las personas a reaccionar menos con cada caso de corrupción que se dé a conocer.

            No sólo se ha aumentado la desconfianza en los partidos políticos, sino que las instituciones también han padecido de este fenómeno[1], y la forma en la que eso ha permeado a la sociedad mexicana es muy peligroso, pues el aceptar sin cuestionamiento alguno que todo político es malo y que debido a esto el desempeño que tendría como dirigente sería desfavorable, genera una situación compleja en el país, pues a pesar de que todos los partidos políticos tengan algún problema, no se puede esperar que un gobierno tenga éxito si las exigencias del pueblo son nulas, y menos si no se le recrimina su mal gobierno.

[1] Moreno, Alejandro, “El INE y su reserva de confianza”, <http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/alejandro-moreno/el-ine-y-su-reserva-de-confianza>, (26 de abril 2018).

 

Notas
● Texto publicado originalmente en la revista Casa del tiempo, No. 44, junio 2011.

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