La otra vida

Gaia García.
Gastrónoma.

Duele, todo me duele, lo único que quiero es ya no sentir esto, no me arrepiento de nada (empieza a toser, pero ahora es con sangre), tal vez no tuve lujos, pero tuve muchas oportunidades de disfrutar cosas que la gente con dinero no lo hace.

El dolor de mis piernas me está matando. Recuerdo mi primer encuentro con mi futuro, era muy temprano, el sol aún no se asomaba.

Mi padre siempre me había dicho que algún día tenía que ser el hombre de la casa y cuidar de mis tres hermanas y mi madre, por lo que un día me decidí a acompañarlo a su trabajo. Mi padre siempre se veía cansado, pero nunca lo vi quejarse ni triste, al contrario, todos los días salía y regresaba a la casa con una sonrisa. Ese día me llevó al campo, ahora tocaba cosechar el maíz, pero me prometió que dentro de unos días me llevaría a plantar frijoles.

Caminamos por un largo tiempo, mis pies me dolían, pero la emoción de ver trabajar a mi padre me hacía continuar sin quejarme. Cuando estábamos cerca del campo, mi padre giró y dijo:

-“Aquí está hijo, tu futuro”.

Yo no entendí, sólo veía un montón de plantas altas que se extendían por varios kilómetros. Mi padre me llevó a una de ellas, agarró la mazorca, la abrió y sonrió:

-“Este es el motivo por lo que nos paramos muy temprano hoy, para ver este milagro”.

Después me lo puso en las manos:

-“Esto es lo que me hace sonreír día y noche, y el día que ya no lo veamos, será el día que estemos perdidos".

Durante todo el día, mi padre y yo estuvimos recolectando las mazorcas; al medio día, hicimos un descanso, nos sentamos a la sombra de un árbol y comimos tacos de chicharrón con aguacate, el trabajo de ese día me hizo saborear más lo que me estaba comiendo. Ya llevaba dos tacos cuando mi padre se levantó, recogió su sombrero y prendió fuego a la primera planta cerca de él.

Espantado, me levanté y corrí por el agua. Cuando llegue junto a mi padre, me detuvo con una mano y sentenció:

-“Hay que dejarlo morir para verlo vivir”.

Nos quedamos contemplando la planta hasta que se consumió la última hoja. Después mi padre se levantó y regresó a la casa; sorprendido y con más dudas que respuestas lo seguí sin hablar. Cuando llegamos a la casa, mi madre nos saludó y nos dio de comer frijoles. Siempre me quejaba de su comida, pero ese día me supo a gloria.

Mi padre terminó de comer y exclamó:

-“Mañana a la misma hora, que el trabajo no es de un solo día".

Al día siguiente, con la curiosidad al máximo nivel, me levanté antes que mi padre y me arregle para no hacerlo esperar. Caminé más entusiasmado que ayer, pues no había visto vivir a la planta que quemamos y tenía ansias por verla crecer. Cuando llegamos sólo vi todo negro y sin vida, me puse muy triste, mi padre al verme intentó consolarme:

-“Hay que trabajar duro para que regrese a la vida”, expresó.

Estuvimos todo el día preparando el terreno, quitando los residuos de la quema de las plantas, nunca había recibido tantas cortadas y moretones en mi vida. Cuando acabé, me tumbé en el suelo, mi padre sólo se fue a un lado del terreno, agarró el arado y empezó a caminar en el terreno, cuando llegó donde yo estaba, aventó a mis pies su morral.

-“Aquí está lo que esperabas, es tu nueva planta, pero para verla crecer, necesitas cuidarla, pero tú te encargarás de que crezca bien”.

Emocionado abrí la bolsa, pero sólo vi un montón de semillas, mi padre al ver mi cara me indicó:

-“Lo que tienes que hacer es seguirme, hacer un hoyo por donde yo vaya pasando, depositar la semilla y cubrirla de tierra".

Me paré e hice lo que mi padre me decía. Cuando él terminó, se sentó en el árbol a esperarme. Después comimos y regresamos a la casa. Al día siguiente fuimos a regar el terreno y mi padre se sentó a contemplarlo.

-“Hijo, tal vez no entiendas aún lo que esto significa, pero ustedes son mi inspiración para venir a hacer esto cada día y esto es lo que más me hace feliz, el dar vida a una planta para darles vida a ustedes”, expresó.

Esa experiencia con mi padre nunca la olvidé, esas palabras las tengo presente y se las enseñé a mis hijos, y fue cuando entendí su significado “dar todo por todo lo que quieres”.

Me dediqué a ser agricultor como él, vendí mis productos a bajo precio, y así logre sacar a mis hijos adelante. Ellos no quisieron seguir mis pasos, los extraño, pero entiendo que estén haciendo su propio camino, están viviendo su vida, tal vez por eso no quise mandarles mensajes contándoles que estoy muriendo, no quiero que regresen a su pasado.

Mi esposa me ve desde la silla que está a los pies de mi cama, al verla, me sonríe. Me encantaría que me hablara, pero una enfermedad se llevó su voz para siempre, gracias a ella fue que me quedé luchando por mi familia.

Volteó a ver la ventana, ahí se encuentra una planta en un vaso desechable, la planta se ve decaída, pero aún se aferra a la vida.

Ese día que le ayudé a mi padre a sembrar el maíz fue cuando vi una semilla que se me había olvidado sembrar, me dio lástima y la planté en mi casa, desde entonces la cuido; esa planta la conservé por mi padre.

Comienzo a decaer, me siento fatigado, veo llegar a mis hijos, ya no sé si es producto de mi mente o es verdad. He vivido toda mi vida en el campo, y eso no lo cambiaría por nada.

Sé que muchos dicen que ser agricultor es mucho trabajo y mal pagado, pero tener la satisfacción de estar en contacto con la naturaleza es algo único de vivir. Duele, todo me duele, lo único que quiero es ya no sentir esto, no me arrepiento de nada. Toso con sangre, el dolor de mis piernas me está matando. Mis ojos comienzan a cerrarse, escucho la voz de mi mujer por última vez. Veo a mi padre en el campo invitándome a ir con él.

Los hijos se acercan al hecho de su padre, la madre no deja de sonreír, pero al momento que su marido cierra los ojos, sólo se le ve una lágrima en la mejilla, sabe que él está descansando en paz. El maíz de la ventana también se apaga, pues sin agricultor no hay quien vea por ella.


Cítanos.

García, Gaia, "La otra vida", Claustronomía. Revista gastronómica digital, Universidad del Claustro de Sor Juana, México, D.F., 2016, <www.claustronomía.mx>.